Beleño negro (Hyoscyamus niger)

(Determinado por un experto)
Beleño negro (Hyoscyamus niger)
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Beleño negro (Hyoscyamus niger)

Beleño negro (Hyoscyamus niger)
El beleño recuerda en su nombre al dios céltico Belennos (equivalente del griego Apolo), de donde se deduce su uso ancestral como planta mágica o ritual. Se presume, igualmente, su uso en los ungüentos de las brujas, como parece demostrar el relato contado por el doctor Andrés Laguna en una anotación a su edición del Dioscórides de 1555 (que recojo en un comentario al pie dada su larga extensión).
Como otras solanáceas, tiene efectos alucinógenos, es decir, que quien la usa cree firmemente en la realidad de las alucinaciones que sufre, olvidando estar bajo los efectos de esta droga (lo que la diferencia de los psiquedélicos o enteógenos propiamente dichos, como el LSD, la mescalina, etc.). Por esta razón, además de por su alta toxicidad, incluso a dosis bajas o medias, su uso está totalmente desaconsejado (en todo caso, quien quisiera experimentar con ella debería hacerlo siempre en presencia de una persona serena y experimentada, a ser posible con conocimientos médicos).
Contiene hiosciamina y atropina y, en las semillas, escopolamina, siendo difícil determinar las dosis al depender de cada planta.
Produce una sensación de ligereza extrema (lo que lleva a pensar que se está volando) y, como la belladona, provoca furia y violencia acompañadas, en ocasiones, de carcajadas delirantes, aunque la experiencia suele ser más tranquila y el intoxicado busca la calma e incluso el sueño.
La intoxicación produce ya a dosis leves sequedad de boca, dilatación de pupilas, taquicardia y náuseas. A dosis medias, incapacidad para deglutir, delirio, pérdida de consciencia, ausencia de juicio crítico, credulidad absoluta en las alucinaciones que se experimentan y, en casos extremos, muerte por depresión del sistema respiratorio.
(Los datos anteriores han sido tomados, en gran medida, de la obra de Luis Otero Aira, Las plantas alucinógenas, Barcelona, Paidotribo, 1998).
En el Alto Aragón, concretamente en Las Paules, me comunicaron su uso en medicina popular como calmante del dolor de muelas (lo que tendría una base real en sus propiedades y, seguramente, una justificación, a partir de la magia simpática, en la semejanza de sus frutos con las muelas). Para ello, según la persona que me lo relató, se echan las semillas al fuego y el afectado por el dolor de muelas abre la boca para que el humo entre en ella. Cuando se llevaba a cabo esta cura, los afectados creían ver en el fuego los "cucos" o gusanos caídos de la muela cariada, lo cual, seguramente, se justifica en que las semillas estallarán al entrar en contacto con el fuego.
Puede verse otra toma de esta misma planta en http://www.biodiversidadvirtual.org/herbarium/Hyoscyamus-niger-L-img157717.search.html
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IDENTIFICACIÓN:
Beleño negro (Hyoscyamus niger)
 
FOTOGRAFIA TOMADA EN:
España
Huesca
TESTING o PUNTO BV:
Testing Reivindicativo No autopista Electrica (Capella) - 10/03/2012
EQUIPO Y TÉCNICA FOTOGRAFICA UTILIZADA:
FUJIFILM FinePix S5700
Información EXIF:
FUJIFILM
FinePix S5700 S700
1/60 sec(s)
F/3.5
100
14.8mm

Comentarios:


  • Relato del doctor Andrés Laguna acerca del "Solano que engendra locura"
    "Siendo yo Medico assalariado de la ciudad de Metz, visitè al Duque Francisco de Lorena, que estaba malo en Nanci el año 1545, en la cual sazon vino alli à su Señoria todo un Consejo à pedir justicia, contra dos viejos, que eran marido y muger, y se tenian en una Hermita media legua de aquella Villa, por quanto (segun la publica voz, y fama) eran brujos notorios; y quemando las sementeras, matando todo el ganado, y sorviendo la sangre à los niños, avian hecho daños irreparables. Oìdos tan atroces delitos, mandò el Duque prenderlos, y meterlos à la tortura, los quales confessaron luego todo lo sussodicho; y entre otras horrendas hazañas, afirmaron que ellos avian muerto al Duque Antonio su padre, y à èl dadole aquella enfermedad tan grave, que poco à poco se consumia. Preguntandoles el Duque, por què causa, y en què forma le avian hecho enfermar? Dixo el viejo, constantemente, que por el Jueves passado de la Cena su Excelencia no le avia lavado los pies, y vestido entre los doze Pobres, como solia los otros años; entrò en una melancolìa muy grande; y que despues, como siempre le viesse el diablo muy triste en el cerco, entendida la causa de su tristeza, le dixo: Si quieres vengarte del Duque, toma esta vara, y quando le vieres passar por tu Hermita, echasela delante de los pies del Cavallo, y assi caerà, y se harà mil pedazos; pero sino le quieres matar, sino tenerle enfermo, sal como à pedirle limosna al camino, y procura de resollarle en el rostro; porque entonces estando yo à tus espaldas, soplarè tambien por tu colodrillo, y le inficionarè con mi aliento, de tal suerte, que ninguno sino tu pueda jamàs sanarle. De este modo, pues, dixo el brujo Hermitaño, que avia inficionado al Duque, con intencion de curarle presto, con un secreto remedio que le avia enseñado su Maestro el demonio: por donde aunque el Consejo se resolviò, en que fuessen quemados entrambos, todavia el Duque hizo merced de la vida al viejo, por la confianza que en èl tenia de su salud; y assi, la vieja fue quemada en presencia de su marido, el qual despues siendo regalado, y favorecido en extremo del Principe, aunque tenido siempre à muy buen recaudo, un dia con sus guardas se fue à cenar al Lugar de donde le avian acusado; y aviendo hecho aquella noche muy buena cena, y cenando en gran regocijo, amaneciò ahogado, tràs el qual muriò el Duque, desde no ha muchos dias. Deciase entre los populares, que el diablo avia torcido el cuello al villano, porque no diesse salud al Principe. Otros tenian sospecha, que los Labradores de aquel Lugar, por la embidia, y odio que le tenian, le avian mezclado veneno. Pero què tiene que hacer este cuento, con el Solano? Entre otras cosas que se hallaron en la Hermita de aquellos brujos, fue una holla media llena de un unguento verde, como el de Populeon, con el qual se untaban, cuyo olor era tan grave, y pesado, que mostraba ser compuesto de yervas, en ultimo grado frias, y soporiferas, quales son la Cicuta, el Solano, el Veleño, y la Mandragora, del qual unguento, por medio del Alguacil, que me era amigo, procurè de hauer un buen bote, con que despues en la Ciudad de Metz hize untar de pies à cabeza la muger del Verdugo, que de zelos de su marido avia totalmente perdido el sueño, y bueltose casi medio frenetica; esto assi por ser el tal sugeto muy apto en quien se podian hacer semejantes pruebas, como por aver probado otros infinitos remedios en balde; y pareceme, que aquel era à proposito, y no podia dexar de la aprovechar, segun de su olor, y color se colegia; la qual luego que fue untada, con los ojos abiertos se adurmiò de un tan profundo sueño, que jamàs pense despertarla. Por donde con fuertes ligaduras, y fricciones de las estremidades, con perfusiones de azeyte constino, y de euforbio, con sahumerios, y humo à las narices; y finalmente con ventosas, la di tal priessa, que al cabo de treinta y cinco horas la restituì en su juicio, y acuerdo, aunque la primera palabra que hablò fue: Porque en mal punto me despertasteis, que estaba rodeada de todos los placeres, y deleytes del mundo; y buelto à su marido los ojos, dixole sonriendose: Tacaño, hagote saber, que te he puesto el cuerno, y con un galàn mas mozo, y mas estirado que tu; y diciendo otras cosas estrañas se deshacia, porque la dexassemos bolver à su dulce sueño, del qual poco à poco la divertimos, aunque siempre le quedaron ciertas opiniones vanas en la cabeza. De donde podemos conjeturar, que todo quanto dicen, y hacen las brujas, es sueño causado de beurages, y unciones muy frias, las quales de tal suerte las corrompen la memoria, y la fantasìa, que se imaginan las cuitadas, y aun firmissimamente creen aver hecho despiertas, todo quanto soñaron durmiendo.
    Allegase à todo lo sussodicho un no liviano argumento; y es, que assi aquella, como todas las que en tan infames exercicios fueron hasta aqui convencidas, à una voz confessaron (segun consta por sus processos) que avian conocido muchas veces carnalmente al demonio; y preguntadas en particular, si avian sentido notable deleyte en su accesso, respondieron constantemente, que no, y esto à causa de la incomportable frialdad, que sentian en las partes diabolicas, de las quales tambien, à su parecer, se les revertia un humor frio como el yelo, y à manera de granizo por la entrañas. Los quales accidentes no pueden proceder de otra causa, sino de la excessiva frialdad del unguento, que las traspassa todas, y se les mete en los tuetanos. Assi que las tales, dado que sean escandalosas, y merezcan un castigo exemplar, por hacer pactos con el demonio, todavia la mayor parte de quanto dicen es devaneo; pues ni con el espiritu, ni con el cuerpo jamàs se apartan del lugar adonde caen agravadas por el sueño, y esta es opinion de la mayor parte de los Theologos, aprobada tambien con Decretos de algunos Santos Concilios: Conviene à saber, que el demonio no puede obrar, sino por medio de naturales causas, aplicando activa passivis; y que assi, por su demasiado saber, y agudeza, conociendo la virtud de semejantes unguentos, se los enseña à las brujas para hacerlas soñar, y creer infinitas burlas, y vanidades: no obstante, que algunos Varones pios tienen por resoluto, que el demonio las puede transformar en diversas fantasmas, y llevarlas en cuerpo, y en anima por el ayre, en lo qual assi como en todo el resto, me remito al sano parecer de la Santa Iglesia Romana. Templase tambien por toda la Turquia, de tal fuerte, el Opio, que bebido, acarrea sueños dulcissimos, y acompañados de toda felicidad, lo qual (segun parece) conforma con lo que del Solano recita Dioscorides".

    Tomado de PEDACIO DISOCORIDES / ANAZARBEO, / ANNOTADO POR EL DOCTOR / ANDRES LAGUNA, / MEDICO DIGNISSIMO DE JULIO III. PONTIFICE MAXIMO, / nuevamente ilustrado, y añadido, demonstrando las figuras / de plantas, y animales en Estampas finas y divi- / dido en dos Tomos (Edición de 1733 del Doctor Don Francisco Suárez de Ribera disponible en http://books.google.es/books?id=xTakczgaM6wC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false —primera edición de la obra de 1555—). Tomo segundo, capítulo LXXV ("Del solano que engendra locura"), annotacion de Laguna, pp. 68 a 70. (la cita la recoge en parte también Pío Font Quer en su obra Plantas medicinales: El Dioscórides renovado, 1985).